La parosmia es un cambio en la percepción normal de los olores. Se trata de que olemos algo que nos es familiar, pero se convierte en desagradable.

Hay, por lo tanto, una distorsión de los olores que nos gustaban. Podría transformarse el olor del café por las mañanas en un repulsivo hedor que nos lleve a las náuseas.

La parosmia está en la lista de los trastornos olfativos más usuales, junto a los siguientes:

  • Hiposmia: reducción del sentido del olfato.
  • Anosmia: la incapacidad de percibir olores.
  • Fantosmia: oler algo que no está en realidad.

La mayoría de las veces, la alteración del olfato se acompaña de un trastorno del gusto. Y en el último tiempo, hubo mayor repercusión por su asociación con la COVID-19. Aunque la infección por coronavirus no es la única causa.

¿Qué ocurre en el cerebro de las personas con parosmia?

Para entender un poco más esta afección, hay que comprender cómo funciona el sentido del olfato. La capacidad de oler inicia en las neuronas sensoriales olfativas, que se encuentran en la parte interna superior de la nariz. Desde allí, conectan el estímulo con el cerebro, como explica el libro Fisiología humana de Fernández-Tresguerres y colaboradores.

Cada neurona olfativa tiene un receptor, que se estimula por las moléculas liberadas en el entorno. El mensaje llega al cerebro y allí se identifica el olor. Esta identificación implica cuestiones subjetivas, como los recuerdos. Es diferente a la identificación puramente química que se realiza, por ejemplo, en la industria alimentaria o en la de perfumería, como relata la Universidad Veracruzana.

Ahora bien, ¿qué sucede en una persona con parosmia? No está del todo claro el proceso y depende de la causa subyacente. Sin embargo, se coincide entre los expertos en la asunción de que hay una pérdida parcial de las neuronas olfatorias, lo que provoca una percepción incompleta del olor.

Un estudio publicado en la revista ORL mostró cómo funciona diferente el cerebro de las personas con parosmia, en comparación con quienes huelen de manera normal. Este hallazgo sembró la duda sobre el origen periférico del problema. Quizás, en algunos pacientes, la cuestión resida dentro del encéfalo. A favor de esta hipótesis, una publicación en The laryngoscope demostró que el entrenamiento olfativo ayuda a recuperar las funciones perdidas, por lo que sería viable crear nuevas conexiones neuronales «de reparación».

De una u otra manera, el síntoma más usual siempre es el cambio en la percepción de los olores de una manera desagradable.

Los olores que nos agradaban se perciben como algo podrido o quemado. Una rosa o una flor puede oler a heces. O pensamos que lo que estamos cocinando se está prendiendo fuego.

Causas

En la actualidad, se pueden señalar más de 100 causas para la parosmia. Vamos a comentar las más comunes, según información de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU.:

  • Fumar.
  • Pólipos nasales.
  • Alteraciones hormonales.
  • Traumatismos craneoencefálicos.
  • Radiación por tratamientos contra el cáncer.
  • Exposición a productos químicos o a medicamentos.
  • Infecciones de vías respiratorias superiores, como sinusitis.
  • Trastornos que afectan al sistema nervioso, como el párkinson o el alzhéimer.

Parosmia causada por la COVID-19

A la lista de causas se unió, de forma más reciente, la COVID-19.

Un análisis publicado en la revista Nature asegura que el 47 % de las personas con la enfermedad presenta alteraciones del olfato y del gusto, de manera concomitante. De ese porcentaje, un 23 % asegura haber sufrido parosmia.

En Reino Unido hicieron una encuesta a pacientes que hacía 6 meses habían superado la enfermedad. Los resultados revelaron que el 43 % había perdido el sentido del olfato y, al recuperarlo, sufría parosmia. Esto sucedió en una media de 2,5 meses después de haber recibido el alta médica por COVID-19.

Pero, ¿a qué se debe la parosmia por el coronavirus? Al principio se pensaba que ocurría porque el virus atacaba las neuronas olfativas. Sin embargo, estudios sobre el tema revelaron que no es así.

Las neuronas olfativas se encuentran unidas por las células sustentaculares, que contienen una proteína llamada ACE2. El virus ataca esas células porque la proteína actúa como un código que permite que el SARS-CoV-2 ingrese y las dañe. Esta también puede ser la causa de la anosmia atribuida al coronavirus.

Ocurrida la infección y la entrada del virus a las células, mediante la proteína ACE2, inicia la cicatrización y los intentos de reparación por parte de los tejidos del sistema respiratorio. Durante ese proceso, se hacen nuevas y erróneas conexiones neuronales, lo que finalmente causará parosmia.

¿Tiene tratamiento?

No hay un tratamiento específico para darle solución. En realidad, se indican prescripciones acordes a lo que se supone que es la causa que dio origen al problema.

A un fumador se le indicará cesar su tabaquismo. Si hay pólipos nasales se procederá a su extracción. Las sinusitis se tratarán con antibióticos.

El uso de vitaminas y minerales como suplementos para el tratamiento no siempre es efectivo. De acuerdo a las investigaciones, se obtienen mejorías si la persona tiene certificado un déficit de micronutrientes.

Impacto de la parosmia en la vida cotidiana

La parosmia es un trastorno que causa problemas en la vida cotidiana de las personas. Impide desarrollar la rutina normal y hasta asistir a eventos sociales.

La comida puede oler a podrido, las personas a sudor, aunque estén limpias, y los desinfectantes podrían asimilarse a heces. Incluso, el propio olor corporal puede causar repulsión.

El sentido del gusto y el olfato se encuentran conectados. Así que es frecuente que los pacientes cambien sus hábitos alimenticios, ya que la comida se hace desagradable por su olor. Existen personas con pérdida de peso al no tolerar la ingesta y reducir sus calorías diarias.

Recordemos que el sentido del olfato es una herramienta de supervivencia. Nos ayuda a determinar si estamos en peligro. Por ejemplo, ante una fuga de gas o distinguiendo productos químicos que pudiesen intoxicarnos.

Por eso no debemos dejar pasar el tiempo si creemos que tenemos parosmia. Hay que consultar con un profesional e iniciar las pruebas pertinentes para detectar el origen.

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